EXPERIENCIAS VESTA
Costalegre: la costa que el lujo guarda para sí
Entre Puerto Vallarta y Manzanillo se esconde el litoral más discreto del Pacífico mexicano. Sin torres, sin multitudes: villas de autor, selva que llega al mar y una privacidad que, hasta hace poco, costaba horas de carretera alcanzar.
Costalegre no es un destino de folleto, y esa es exactamente su gracia. Es una sucesión de enclaves privados, cada uno con su propia personalidad, donde el lujo se mide en silencio y no en estrellas. Estos son los nombres que hay que conocer:

• Careyes
Villas de colores mediterráneos sobre acantilados, polo, arte y una comunidad internacional que valora el bajo perfil.
• Cuixmala
La antigua finca de Sir James Goldsmith, hoy reserva y refugio de ultralujo entre laguna, selva y playa.
• Las Alamandas
Un enclave diminuto y exclusivo, casi una isla privada frente al Pacífico.
• Xala
El desarrollo emergente que suma a la zona sin traicionar su discreción.
El lujo de desconectar
Más allá de los nombres, lo que se hace en Costalegre es, en buena medida, nada: nadar en calas sin gente, cabalgar por la selva, ver polo en temporada, cenar bajo las estrellas. Es un lujo de desconexión, no de ostentación; el tipo de lugar donde el teléfono pierde importancia por unos días. Por eso es el destino natural de bodas íntimas, retiros familiares y de quienes ponen la privacidad por encima de todo. El resultado es un tipo de lujo cada vez más buscado: espacio, silencio y naturaleza, con el servicio de una villa privada detrás.
Lo que cambió el mapa: el acceso
El nuevo aeropuerto de Chalacatepec, inaugurado en octubre de 2024, acerca por fin la región; y Puerto Vallarta (MMPR) y Manzanillo (MMZO) sirven como puertas alternas. La mejor temporada va de noviembre a mayo, con el Pacífico central en calma.
A Costalegre no se llega de paso; se va a propósito. Por lo apartada que está, es de los pocos lugares donde llegar en privado no es un lujo extra: es casi la única forma cómoda de hacerlo.



























